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La RSE como motor para la resiliencia social y económica en Somalia

Somalia: casos de RSE que fortalecen cadenas responsables y apoyo comunitario

Somalia enfrenta desafíos humanitarios, climáticos y de gobernanza que afectan tanto a las comunidades como a las cadenas productivas. Con una población estimada en aproximadamente 16–18 millones, una economía dependiente del ganado, la pesca y las remesas, y recurrentes crisis por sequía e inseguridad, la responsabilidad social empresarial (RSE) actúa como palanca para reforzar la resiliencia social y la integridad de las cadenas de valor. Este artículo recopila casos reales, lecciones y recomendaciones prácticas sobre cómo la RSE contribuye a cadenas responsables y al apoyo comunitario en Somalia.

Contexto: por qué la RSE es estratégica en Somalia

  • Fragilidad institucional: estados regionales con capacidades limitadas obligan al sector privado y a ONG a asumir roles de servicio público y de gobernanza local.
  • Economía basada en recursos naturales: el ganado y la pesca son fuentes clave de ingresos; asegurar sanidad animal y prácticas pesqueras sostenibles protege mercados y medios de vida.
  • Impacto del clima: sequías y ciclones generan pérdidas periódicas que requieren inversión en adaptación y sistemas de alerta temprana.
  • Diáspora y remesas: flujos financieros del exterior sostienen consumo y pueden canalizarse hacia inversiones con impacto social.

Casos destacados de RSE y colaboración para cadenas responsables

  • Hormuud y su fundación: Hormuud, uno de los operadores de telecomunicaciones con mayor presencia, impulsa programas de inclusión financiera digital y respuesta humanitaria mediante su fundación. Al promover servicios móviles de pago en zonas urbanas y rurales se facilita la transferencia directa de ayuda, reducción de costos y trazabilidad de fondos durante emergencias climáticas.
  • Dahabshiil y apoyo a educación y salud: la empresa de servicios financieros con red internacional ha financiado becas, centros de salud y programas comunitarios. Su papel en mantener las cadenas de remesas contribuye a la estabilidad económica de familias que sostienen actividades productivas locales.
  • Proyectos de trazabilidad ganadera y sanidad animal: iniciativas impulsadas por organismos internacionales en colaboración con autoridades locales y exportadores mejoraron procedimientos de cuarentena, certificación sanitaria y transporte animal en puertos como Bosaso y Berbera. Estos proyectos han sido clave para recuperar y mantener acceso a mercados del Golfo, reforzando la cadena de valor del ganado.
  • Programas de la FAO y ONG para resiliencia pastoral: campañas de vacunación, capacitación en manejo de pasturas y distribución de forraje han reducido mortalidad animal en episodios de sequía. Además, se fomentó la diversificación de ingresos mediante actividades agropecuarias complementarias y cadenas cortas de comercialización.
  • Iniciativas de pesca responsable y cooperativas costeras: en varias comunidades costeras, proyectos apoyados por ONG y donantes promueven prácticas sostenibles, formación en seguridad marítima, mejora de estructuras de almacenamiento y acceso a mercados a través de certificación cooperativa. Esto reduce pérdidas postcaptura y mejora los ingresos locales.
  • Proyectos de empleo juvenil y formación técnica: alianzas público-privadas han financiado escuelas técnicas, formación en logística y en manejo de la cadena fría, generando capacidades que benefician tanto a empresas como a comunidades.
  • Respuesta humanitaria basada en efectivo y contratos locales: programas que priorizan transferencias en efectivo, compras locales y contratación de proveedores comunitarios fortalecen la economía local y aumentan la aceptación social de empresas e intervenciones externas.

Hallazgos comprobables y enseñanzas aplicables

  • Mejora del acceso a mercados: la certificación sanitaria y las cuarentenas operativas permiten que productores recuperen mercados exportadores, con beneficios directos en precios y demanda.
  • Mayor resiliencia comunitaria: proyectos de diversificación de ingresos y acceso a servicios financieros digitales reducen la vulnerabilidad frente a shocks climáticos.
  • Empoderamiento local y reducción de costos: la contratación de proveedores y mano de obra locales disminuye costos logísticos y mejora aceptación social de operaciones empresariales.
  • Importancia de la coordinación: las intervenciones que combinan empresas, organizaciones humanitarias y autoridades locales logran mayor sostenibilidad y legitimidad.
  • Género y equidad: programas que integran a mujeres en cadenas productivas (procesado de pescado, comercio de productos lácteos, servicios) aumentan ingresos familiares y resiliencia social.

Desafíos habituales

  • Seguridad y acceso: en áreas donde persisten conflictos, la cobertura se ve restringida y la continuidad de los proyectos suele interrumpirse.
  • Infraestructura insuficiente: la limitada disponibilidad de puertos, vías de transporte y servicios de frío incrementa las pérdidas y encarece la operación logística.
  • Fragmentación administrativa: las discrepancias entre entidades federales y regionales generan obstáculos para obtener permisos y unificar criterios.
  • Limitaciones financieras: numerosas empresas locales no disponen del capital necesario para destinarlo a prácticas sostenibles o procesos de certificación.
  • Necesidad de datos y trazabilidad: la falta de sistemas estandarizados complica el control sanitario y reduce la transparencia en toda la cadena.

Estrategias sugeridas para impulsar la RSE y promover cadenas responsables

  • Fomentar alianzas multiactor: empresas, donantes, ONG y autoridades deben diseñar programas complementarios con roles claros: inversión privada en infraestructura, apoyo técnico de organismos y gobernanza local para regulaciones.
  • Invertir en trazabilidad y sanidad: sistemas sencillos de identificación animal, cuarentenas funcionales y certificación sanitaria aumentan acceso a mercados y confianza del comprador.
  • Promover compras locales y empleo comunitario: priorizar proveedores locales y contratación de mano de obra fortalece economías locales y genera aceptación social.
  • Integrar enfoque de género: facilitar acceso a recursos, formación y mercado para mujeres incrementa impacto social y productivo.
  • Financiamiento innovador: combinar remesas, inversión de impacto y garantías para financiar infraestructura crítica y capital de trabajo.
  • Transparencia y rendición de cuentas: divulgar criterios de compra, estándares laborales y ambientales para construir confianza con comunidades y socios comerciales.
  • Resiliencia climática: incorporar medidas de adaptación (almacenamiento, seguros indexados, manejo de pasturas) para reducir pérdidas ante sequías e inundaciones.

La experiencia observada en Somalia evidencia que la RSE, al coordinarse con proyectos comunitarios y respaldo técnico internacional, trasciende la filantropía para convertirse en una apuesta por la estabilidad y la sostenibilidad de las cadenas productivas. Los ejemplos expuestos indican que la trazabilidad sanitaria, la digitalización de la inclusión financiera, la contratación de mano de obra local y el fortalecimiento del rol de las mujeres funcionan como motores reales de valor compartido: incrementan los ingresos, disminuyen los riesgos y amplían el acceso a nuevos mercados. Crear cadenas responsables en escenarios frágiles requiere constancia, comprensión del contexto y planificación conjunta; la sostenibilidad auténtica surge de acciones que, además de reducir la exposición empresarial, fortalecen las capacidades comunitarias y dejan estructuras operativas que puedan mantenerse a largo plazo.

Por Urbana Ramos Barraza

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